La prosperidad de las colonias agrícolas que se fundaron en la provincia de Santa Fe en la segunda mitad del siglo XIX, luego de la sanción de la Constitución que en 1853 sentó las bases jurídicas de la Argentina, se debió al denodado esfuerzo de los inmigrantes europeos, que hicieron de tierras vírgenes una fracción del “granero del mundo”. Pero también tuvo que ver con la organización política y social que promovió el Estado (a nivel nacional y provincial) y con la prolijidad y pulcritud de sus administradores, que establecieron reglas para posibilitar el crecimiento.



































