“Todos los años, gracias a la insistencia de mi marido, me hacía los controles. Hasta que en uno de ellos salieron células atipias, por lo que el médico sugirió una pequeña intervención para sacar ese tipo de células. Yo externamente no notaba nada. Fue así que me sacaron un pedacito de la mama en una primera intervención. A los seis meses, esa característica en las células persistía y, como no fui dotada de mucha mama, se empezó a hablar de extirpar la mama entera. Era lo conveniente. Uno eliminaba toda posibilidad de que esas células adquirieran características específicas de cáncer. La cuestión es que terminamos en una mastectomía bilateral, o sea de las dos mamas para no correr ningún riesgo. A través de la obra social pude conseguir el reconocimiento de la cirugía y, en simultáneo, la colocación de las prótesis mamarias. Ahora tengo una vida normal, con los controles anuales de cualquier mujer”.