Un dragón de papel, de cola celeste y colgado con tanzas desde el techo, custodiaba cada movimiento en La Redonda. De contraluz un enorme cuadro que mostraba la épica de ese lugar como bastión ferroviario. En el centro cultural y de eventos devenido hoy en vacunatorio anti Covid la gente llegaba, era recibida por un asistente, y tras la toma de temperatura y las preguntas de rigor, proseguía por un caminito bien demarcado, sin atajos ni desvíos.



































