Para lograr la aprobación generalizada y permanente de los organismos reguladores, los laboratorios han ampliado los estudios clínicos de sus vacunas contra el coronavirus porque, por diversas razones, las primeras rondas de ensayos excluyeron explícitamente a los niños, las embarazadas, las madres de lactantes, y en algunos casos los mayores de 65 años estuvieron muy subrepresentados. De hecho, algunos gobiernos todavía no han autorizado la aplicación de vacunas a esos grupos poblacionales menos estudiados.
































