Se abalanzó sobre la seño, se sentó en la moto detrás de ella, la aferró del cuello y comenzó a apuñalarla con una chuza (arma blanca de fabricación casera). La larga, fina y afilada faca se hundió al menos 13 veces en el cuerpo de Vanesa, en su cuello y en su espalda. No le robó nada, ni su billetera, ni su mochila, ni la moto, ni el teléfono celular. Unos pocos puntazos fueron sobre la moto, todos los demás cuando la maestra ya estaba tendida en el suelo, inconsciente, agonizante, indefensa. Vanesa murió desangrada camino al hospital y el asesino fue atrapado en su propia pieza, donde se refugió tras el ataque. La policía tuvo que hacer un doble operativo para capturarlo y trasladarlo, evitando que los vecinos hicieran justicia por mano propia.