Julio Martínez fue asesinado el 22 de enero de 2018 en las calles de barrio San Lorenzo, cuando salió de su casa para ir a trabajar. Tenía 46 años, estaba casado y era padre de un pequeño de 9 años. Esa madrugada podría haberse quedado a descansar, porque no se sentía bien y tenía “varios días para tomarse”. No obstante, pudo más su vocación por el oficio. Él era albañil y estaba orgulloso de serlo. Se especializaba en la colocación de cerámicas. Eran aproximadamente las 6.30 cuando tomó el último mate y abandonó su hogar, en la cuadra de calle Juan Díaz de Solís al 1.500. Llevaba en un bolso sus pertenencias, ropa de trabajo y borseguíes nuevos que le habían dado sus “patrones” de una importante empresa constructora local.



































