Carlos Héctor Argüelles tenía 46 años y era propietario de un taller, donde se ganaba la vida como mecánico. Tiempo atrás había formado parte de una temible banda narco, pero al caer detenido decidió retirarse y declarar contra sus jefes como "imputado colaborador". Él conocía el ambiente y sabía perfectamente que desde ese momento se había transformado en un "blanco" para sicarios de la organización criminal, cuyo líder sería Esteban Lindor Alvarado. En un principio, ingresó al programa de protección de testigos, pero finalmente decidió salir de ese marco de seguridad. "Si no es contra mí, seguramente será contra alguno de mis familiares", habría expresado Argüelles con resignación a los investigadores.

































