Algunos adolescentes pueden sentir que la agresión es la única forma de protegerse a sí mismos, a sus seres queridos o a quienes estén con ellos en determinado momento y, si no cuentan con las herramientas necesarias para expresar sus emociones de manera saludable o resolver conflictos de manera pacífica, pueden recurrir a la agresión o a la violencia. Además, el deseo de encajar y de ser aceptados por su grupo de pares, debido a la necesidad del sentido de pertenencia, puede llevar a algunos adolescentes a participar en comportamientos agresivo-violentos, aún cuando no estén de acuerdo. El problema está en que al responder a una agresión con agresión se alimenta un ciclo de violencia que puede tener consecuencias serias y hasta graves para los involucrados. La violencia no resuelve los conflictos, sino que los agrava, razón por la cual justificar la violencia como una respuesta válida puede contribuir a normalizar este tipo de comportamiento en la sociedad y eso es algo indiscutiblemente inaceptable.