“Vamos por la gran conquista”... “Cree en Grande”... “#GloriaEterna”. Esos eran los disparadores de comunicación y márketing de la poderosa Conmebol para activar la máquina de hacer dinero con una pelota picando. Este año, por primera vez, el siempre sonriente Alejandro Domínguez logró el espejo europeo: jugar las finales de las dos copas más importantes —Libertadores y Sudamericana— en un solo estadio y en ciudades neutrales: primero Asunción, después Lima. Todo un desafío para la cultura “sudaca”.




































