“Yo estaba sentado al lado de Cheves, el técnico, adentro de la cancha y nos tiraban de todo. Debutaron Villita y Solís. Se jugó muy bien ese día… Pero vuelvo al día anterior, al domingo. Mi primera pregunta, mientras desayunaba, fue: ‘¿Qué hago con estos muchachos todo el día?’, entonces le digo al del micro que salgamos a dar una vuelta. Y fuimos a visitar bodegas. En una de ellas, por ser yo el presidente de la delegación, me invitaron con un vaso de vino. Y luego caimos en una bodeguita chiquita pero muy linda. Era de vino patero… Nos recibió un señor muy amable… Y los muchachos empezaron a comprar damajuanas… ¡Llenaron la bodega del micro de damajuanas de vino patero!… Recuerdo que había fallecido mi papá, entonces decidí llevar algo pero no mucho. Le pedí tres chicas, de 5 litros, porque pensaba en lo que tenía que pagar por ese viaje. Y todo salía de mi bolsillo. No andábamos bien en Colón y los dirigentes solventábamos muchos gastos con nuestro bolsillo. ‘Hombre, ¡llévese la de diez litros! Hágame caso”, me imploraba el dueño de la bodeguita. Y yo me mantuve en que quería las de cinco… Al vino lo envasaban directamente desde el tonel, una cosa de locos… Cuando le digo cuánto le debía, me rechaza el dinero y me dice: ‘Señor, para mí es un honor que el club Colón haya venido a visitar mi humilde bodega… ¡Yo tendría que pagarles a ustedes!’… ¡Cómo no me llevé las de diez litros!”, cuenta Pancho entre risas.