Cuando juega mal o muy mal como contra Central Córdoba en Santiago del Estero o el otro día contra Barracas, Colón pierde. Cuando juega más o menos tampoco gana. Ahora, al combo de una temporada que es olvidable ciento por ciento, Colón le agregó otro ADN de crisis matemática: cuando juega mejor que su rival de turno, en este caso Boca, también pierde. Sin merecerlo, claro está. Duele, mucho más en el contexto de un 2022 vacío.



































