El 25 de agosto de 2001 era un día de festejo en Colón. Entradas agotadas, 35.000 personas en el estadio, una fiesta previa que había arrancado casi siete horas antes con una movilización que se había iniciado en el Puente Colgante y todo dado para que se viva una gran fiesta. Colón reinauguraba el estadio. Ya las tribunas de madera formaban parte del pasado. Primero fue el sector sur y luego el este. La cancha se había transformado en un verdadero coliseo ante el asombro de aquellos que habían asistido a otros tiempos de mayores necesidades y no tantas comodidades. El rival era Nueva Chicago. Se jugaba la segunda fecha del Apertura de ese año y Colón venía de conseguir un empate 2 a 2 en La Plata ante Estudiantes. No era tomado al azar el rival. Precisamente, ante Nueva Chicago -en 1965- Colón había vivido una gran fiesta cuando se coronó campeón de la B y logró el histórico ascenso a Primera. Todo era fiesta, nada hacía preveer el drama.


































