Hacía mucho tiempo que no se veía a un jugador con tanta capacidad para desequilibrar en medio de un rendimiento opaco, desteñido, sin brillo y pleno de limitaciones de sus compañeros. No es exclusivamente por el partido de anoche, sino por todo lo que pasó este semestre desde la llegada del Pulga Rodríguez. Por sus goles y por su inteligencia para retroceder, jugar de primera y meter pelotas punzantes y peligrosas, el tucumano se compró rápidamente a la hinchada y se convirtió en figurita repetida. La gente festejó porque siempre quiere que el equipo gane. Pero el balance futbolístico volvió a dejar dudas, carencias y apenas la brillantez de un jugador que parece un oasis en medio del desierto.

































