Los casi 30 grados y la necesidad imperiosa de abrir puertas a las bandas, explicaron el porqué de Diego Mario Francisco Osella para poner jugadores "livianitos", rápidos y con movilidad. Ese abanico explicaba las titularidades de Federico Jourdan por la banda derecha y del "Grillito" Taborda por el lado izquierdo, además de Forneris en el centro del campo. En muchas cosas, ya tenía el ADN de Osella, que se definía con "los chicos del club". Con esa frescura y con un aliento ensordecedor, Colón se ponía el ropaje de protagonista, ante un equipo como San Telmo que venía goleado de todos lados: no conformes con la entradera arbitral del otro día en la Isla Maciel que lo despojó de todo ante Almirante Brown, también lo estafaron en la semana en el Tribunal de Disciplina con la sanción alevosa a Lamosa (uno de los mejores de la divisional) de tres fechas de suspensión.

































