Esta situación, previa a un clásico, se asemeja a lo que ocurrió hace cinco años, también en un partido en cancha de Colón y que finalmente terminó empatado. El titular en Unión era Nereo Fernández, quien prolongó hasta el mismo día del partido la posibilidad de atajar, a pesar de una fuerte molestia en uno de sus gemelos. Esa misma mañana, Nereo probó y la pierna no le respondió, por lo que se tomó la decisión de relevarlo y apareció la chance para Joaquín Papaleo, con tanta mala fortuna que un pelotazo le dio de lleno en un ojo y lo sacó de la cancha. Su reemplazante fue Marcos Peano, por entonces un muy juvenil arquero que se encargó de custodiar el arco tatengue por el tiempo que restaba para el final del partido.