ASUNCIÓN DEL PARAGUAY (Enviado Especial).- Los hermanos de Maradona, los hijos de Gallardo y tantas otras historias que no tienen equivalencia. Porque la vara queda alta, casi inalcanzable. Lo bueno, en el caso de Juan Pablo Pumpido, es que nadie le regaló nada. Y en este madurar, crecer, sufrir y exiliarse, llegan las primeras rosas. Que hacen olvidar las espinas, que siempre están.

































