El Kily trató de bajar los decibeles de la ansiedad. Observa que al equipo le cuesta, que la pelota le "quema" a algunos jugadores, y también vé que están atados. En pocas palabras, advierte un bloqueo mental y futbolístico del que ya dimos cuenta en otra columna. Tiene buena parte de razón el entrenador. No porque quiera endosarle culpas y responsabilidades a la gente, porque, en realidad, el hincha de Unión viene dando muestras muy claras de aguante incondicional. Pero sufre. Y lo que pasó el año pasado no quiere que vuelva a ocurrir. Y por eso se manifiesta. Porque vé que el equipo no responde futbolísticamente, que juega mal (u "horrible" como expresó el propio Kily González) y que es muy poco lo que transmite desde adentro hacia afuera, sobre todo en Santa Fe (porque de visitante, está invicto y con tres buenos resultados ante duros rivales).



































