Pareció el destino jugarle una carta traicionera a la ciudad capital. Pegó fuerte un golpe de realidad en un ítem clave en que demostró ser todavía vulnerable, pero además justo en un día en que el movimiento de gente era inevitable. Es que después de tanto tiempo con sequía extrema o apenas una llovizna mínima aislada, justo en la jornada en que toda la ciudadanía debía movilizarse de manera obligatoria para cumplir con el derecho al voto para celebración de la democracia, se produjo una fuerte tormenta que se extendió durante gran parte del día y anegó parte de la ciudad.


































