"Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver", dice un poema de Rubén Darío. En esa frase de apenas nueve palabras está contenido todo un hito filosófico de la condición humana: la conciencia de la finitud del ciclo biológico. Llega un momento en que nunca más se será joven, y que en el horizonte sólo queda la adultez y la vejez. ¿Y qué queda ante el paso inexorable del tiempo?



































