Pasamos la primera noche: hubo gritos, llantos, despotricar y ver que la gente se desangraba en la oscuridad más absoluta sin poder hacer nada. Cuando salió el sol al día siguiente, vimos donde estábamos. Y era un infierno helado. En la noche más larga de mi vida, aprendí a estar harto de estar harto. Me di cuenta de que por más que llorara o me quejara, mis amigos se habían muerto, seguíamos con frío y no venía nadie. Entonces entré en la aceptación, que es cuando aceptás las realidad tal cual es. En la mente te aparecen por intermedio de los sentidos infinitas posibilidades en donde vos podés crear. La creación es el acto de inventar lo que no hay, y la adversidad desarrolla la creatividad. Yo me quedé ciego en la primera expedición después de que se suspendió la búsqueda, por ser rebelde con Numa Turcatti y Daniel Maspons, y después me tuve que hacer unos lentes. Entonces vi unos manuales del avión que tenían unas tapas de plástico, se las sacaba, la cortaba, les hacía dos agujeros, y con diferentes cables del avión armaba las patillas de los lentes, y la parte de atrás, para que no se caigan, con el elástico de un corpiño de una mujer que había muerto. De esa manera todos nos hicimos los anteojos.