En el primer gobierno de Juan Domingo Perón se tomó la decisión de reorganizar el sistema de vuelos en el país. En aquellos años (mediados de la década de 1940), hubo fusiones de empresas y compañías. Según explica el informe “Un siglo de aviación argentina, desde la fundación de la primera línea aérea” de La Nación, el Estado comenzaba incipientemente a formar parte de la discusión. Aeroposta absorbió LASO (Líneas Aéreas del Sur Oeste); la Aviación del Litoral Fluvial Argentino (ALFA) sumó a la Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos y la Compañía de Aeronavegación Argentina Dodero; ZONDA (Sociedad Mixta Zonas Oeste y Norte de Aerolíneas Argentinas) asumió las rutas que operaba la extranjera Panagra (Pan American Grace Airways, subsidiaria de Pan Am); y nació la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA) para operar las rutas internacionales. Para 1949, las sociedades mixtas fracasaron. El gobierno de Perón emitió el decreto N°10.459, mediante el cual el Estado se quedó con el control de Aeroposta Argentina, ALFA, ZONDA y FAMA y las fusionó para constituir una sola empresa: Aerolíneas Argentinas.