Es martes. Son las 10 de la mañana. El lugar: el primer piso del Cemafe, donde se encuentra la farmacia. De lejos se ve una fila de 15 personas, y en el medio un jovencito de jeans, zapatillas, campera inflable con capucha, bufanda y lentes negros. Tiene la cabeza gacha y la postura de su cuerpo demuestra que quiere pasar desapercibido ante la gente. Lo acompaña su mamá, y están allí en la búsqueda de unas cremas especiales para su piel.




































