En el barrio Las Lomas, bien al noroeste de esta ciudad, la pandemia cortó el circuito de las changas, de la albañilería, el trabajo doméstico. La vida allí pareciera ser, para muchos, vivir de un día a la vez y como se pueda. Y en lo peor de la cuarentena, con la gente encerrada y con miedo a "un virus raro", un grupo de pibes se juntaba a cocinar, acompañados con sus coordinadores: llegaban a hacer entre 80 y 100 porciones familiares para donarlas. Siempre listos.



































