“Cansados de correr eternamente el mismo camino, los ríos parecen tomar resuello y reducir al mínimo su potencia. Algún canal barroso, algún hilillo de agua que corre como por compromiso es todo lo que resta de nuestra caudalosa cintura fluvial. Las costas fangosas se estiran despertándose; los puentes muestran impúdicamente sus pilotes marcados para siempre por las aguas: las cuevas de cangrejos parecen los ojos asombrados de las barrancas y alguna canoa, inútilmente amarrada en el barro es el símbolo quieto de este otro fenómeno de las aguas: la bajante”.


































