Salvador, un niño de tan sólo siete años, quizás aún no sabe que el ajedrez era para Borges una suerte de objeto perfecto, como sus laberínticas aventuras literarias. Ni que el ajedrez es elogiado por los eruditos como el deporte por excelencia para la concentración, la resolución de problemas, la profunda introspección hacia el movimiento que llevará al jaque. Pero no importa: Salvador Cáceres sólo juega, y lo hace como un "niño prodigio": hoy está rankeado a nivel mundial en el N° 53 de su categoría, sub 8.



































