El desarrollo de un evento de lluvias generalizadas sobre la cuenca baja del río Salado santafesino encendió alertas entre especialistas, que prevén un repunte importante del nivel en los próximos días en la capital provincial.
Las abundantes lluvias impactarán también en el Saladillo y llegará a la laguna Setúbal. “No será una crecida memorable ni remotamente como la de 2003”, aclaró Juan Borus desde el INA, a pocos días del 29 de abril, cuando Santa Fe recuerda su peor tragedia por la inundación del Salado. Desde el organismo avisaron a las autoridades provinciales.

El desarrollo de un evento de lluvias generalizadas sobre la cuenca baja del río Salado santafesino encendió alertas entre especialistas, que prevén un repunte importante del nivel en los próximos días en la capital provincial.
Así lo explicó Juan Borus, del Instituto Nacional del Agua (INA), quien señaló que la situación actual presenta similitudes con lo ocurrido en enero y febrero de 2021, aunque descartó un escenario extremo.
El análisis surge en un contexto en el que ya se había puesto el foco en las precipitaciones registradas en la alta cuenca del sistema Pasaje Juramento-Bermejo. Sin embargo, Borus aclaró que ese fenómeno, por sí solo, no tenía capacidad de generar una crecida relevante en territorio santafesino.
“En ese momento dijimos que esa crecida de la alta cuenca por sí sola no iba a poder ocasionar problemas y no iba a ser la responsable de ninguna crecida importante en el tramo inferior del río Salado; apenas se iba a ver”, recordó.
El escenario cambió con las lluvias recientes sobre la cuenca baja provincial, que abarca unos 30.000 kilómetros cuadrados. “Para que hubiera una situación de crecida, se tenía que dar algo parecido a lo que pasó en enero-febrero de 2021, y esto se parece bastante”, advirtió.
Según detalló, las precipitaciones están siendo intensas y extendidas. Se registraron, por ejemplo, 152 milímetros en Malabrigo y se prevé que continúen, con acumulados que podrían rondar los 200 milímetros en amplias zonas. Este volumen tiene una consecuencia directa: la saturación de los suelos.
“El resultado inexorable es suelos saturados en toda la región; toda gota que cae termina yendo a los ríos, a los cursos de agua y a los canales”, explicó Borus. A esto se suma la fuerte canalización en la cuenca inferior, que acelera el escurrimiento hacia el río Salado.
Además, advirtió que habrá aportes adicionales desde los Bajos Submeridionales y la cuenca Calchaquí-Golondrinas, así como un probable crecimiento del arroyo Saladillo, lo que también impactará en la laguna Setúbal. “Toda la región está teniendo ahora un desarrollo del evento significativo”, subrayó.
En este marco, el especialista estimó que “entre hoy (miércoles) y el domingo” se producirá “un repunte significativo” del Salado santafesino. “La perspectiva es de una crecida importante; yo diría que más que ordinaria, es significativa, aunque acotada”, precisó.
La altura actual del Salado en Santa Fe es de 3,66 metros. A diferencia del sistema río Paraná, el Salado no cuenta con un nivel de alerta y otro de evacuación. En el caso del Paraná, el nivel de alerta en Santa Fe es de 5,30 metros; y el de evacuación es 5,70 metros.
Borus aclaró que el INA no tiene competencia directa para emitir pronósticos en ríos provinciales, pero mantiene un monitoreo permanente y articula con organismos locales.
En Santa Fe, el seguimiento está a cargo del Centro Regional Litoral del INA, en contacto con el ingeniero Jorge Collins. También intervienen el Comité Hídrico Federal (COHIFE) y el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (Sinagir).
En la misma línea, consultado por El Litoral, el ingeniero Collins explicó la dinámica esperada para los próximos días: “De acuerdo con las precipitaciones que están ocurriendo, se va a generar una crecida del río Salado producida por el aporte de las cuencas más cercanas a Santa Fe y un segundo repunte más adelante por los aportes provenientes de los Bajos Submeridionales. Se va a dar la combinación de los dos fenómenos”.
“Lo que estamos viendo es que estas precipitaciones seguramente van a generar un repunte en el río Salado, principalmente por la cuenca del arroyo Cululú y los aportes directos al río”, agregó. En ese sentido, indicó que “esto genera algún pico o una crecida que puede llegar a Santa Fe en 24 a 48 horas”.
Pero ello no es todo. En una segunda instancia, Collins señaló que habrá un nuevo incremento de caudales más adelante, vinculado a otras áreas de aporte. “En 15 días a un mes tendremos la escorrentía que precipitó en la cuenca de los Bajos Submeridionales, que tiene una demora mayor en llegar por el proceso de escurrimiento”, detalló.
Finalmente, el especialista anticipó un escenario con dos momentos de crecida y puso el foco en su posible interacción. “Vamos a observar la presencia de dos picos. Esperemos que no se generen empuntamientos que sumen caudales”, concluyó.
Por tal motivo, las autoridades locales del INA ya han “alertado a los funcionarios de la Secretaría de Recursos Hídricos de la Provincia”, mencionó Collins.
El río Salado atraviesa la provincia de Santa Fe de norte a sur y cumple un rol clave en el drenaje de amplias áreas rurales y urbanas. En su tramo inferior, al ingresar a la región central, recibe aportes de numerosos cursos de agua y sistemas interconectados, lo que lo vuelve particularmente sensible a eventos de lluvias generalizadas.
A la altura de la ciudad de Santa Fe, bordea el sector oeste del ejido urbano, luego el este de Santo Tomé y desemboca en el río Coronda, que a su vez conecta con el Paraná. Esta configuración, sumada a la escasa pendiente del terreno, favorece los desbordes cuando se combinan lluvias intensas y persistentes en toda la cuenca.
De acuerdo con antecedentes recientes del INA, las crecidas del Salado responden más a lo que ocurre en la cuenca baja santafesina que a los aportes de la alta cuenca extraprovincial. En ese sentido, los eventos de lluvias extensivas, como el actual, son los que generan mayores riesgos.
El episodio de enero-febrero de 2021, al que hizo referencia Borus, se caracterizó por precipitaciones abundantes y generalizadas que provocaron un aumento sostenido del nivel del río Salado. Si bien no alcanzó niveles extraordinarios, generó anegamientos en zonas rurales y complicaciones en áreas urbanas, lo que obligó a un monitoreo constante de defensas y sistemas de bombeo en la capital provincial.
Ese evento es considerado un parámetro de referencia para situaciones como la actual, donde la extensión territorial de las lluvias es el factor determinante.
El peor antecedente vinculado al río Salado en la ciudad de Santa Fe sigue siendo la inundación de 2003, una de las catástrofes socioambientales más graves de la historia argentina reciente.
A fines de abril de ese año, una crecida extraordinaria desbordó las defensas en el sector oeste de la ciudad, donde había un tramo inconcluso, e inundó vastas zonas urbanas. El agua ingresó con rapidez a barrios enteros, dejando bajo agua cerca de un tercio de la capital provincial.
Las consecuencias fueron devastadoras: más de 100.000 personas afectadas, miles de evacuados, pérdidas materiales incalculables y al menos 23 víctimas fatales reconocidas oficialmente (los organismos de DDHH aseguran que son muchas más, además de los muertos colaterales). La crisis dejó al descubierto fallas estructurales en la infraestructura de defensa y en los sistemas de alerta y respuesta.
Desde entonces, se realizaron obras de protección y se mejoraron los mecanismos de monitoreo y prevención. Sin embargo, cada crecida vuelve a poner en primer plano la vulnerabilidad de la región ante fenómenos hidrometeorológicos extremos.
Lo preocupante ahora es que el Gobierno nacional dispuso en 2025 la reestructuración del INA, que dejó de ser un organismo descentralizado y perdió su autarquía para pasar a depender de la Secretaría de Obras Públicas, en el marco de una política de achique del Estado. La medida generó preocupación en Santa Fe, donde el organismo cumple un rol clave en el monitoreo de los ríos y en los sistemas de alerta hídrica, además de haber desarrollado herramientas fundamentales como el Plan Director de Desagües Pluviales tras la inundación de 2003. Desde el INA advirtieron incertidumbre sobre la continuidad de proyectos y convenios vigentes, así como sobre su capacidad operativa futura.
En este contexto, los especialistas insisten en llevar tranquilidad sin bajar la guardia. “No será una crecida memorable ni remotamente como la de 2003. Para un escenario así se necesita una sucesión de eventos, y este es uno solo”, enfatizó Borus.
La expectativa, según el INA, es que el fenómeno tenga impacto pero dentro de parámetros manejables: “Es importante y tendrá su efecto, como el de enero-febrero de 2021, pero nada más. Es importante, pero acotado en tiempo y magnitud”, concluyó.
Mientras tanto, Santa Fe revive en este abril lluvioso aquellos tristes días de 2003.




