Se estima que en la ciudad hay 5.300 familias indigentes. Y 1.600 ranchos de chapa, nylon, pisos de tierra. Habitan en ellos cuatro, cinco o más personas, en condiciones de hacinamiento. Vivir hacinados es no contar con grifos que larguen agua potable, ni con electricidad; es comer lo que se pueda y cuando se pueda. Así como suena, pues la pobreza no conoce de retóricas ni de eufemismos. Las condiciones de higiene escasean, por falta de recursos para adquirir lavandina, alcohol etílico líquido o en gel, desinfectantes. También, por falta de acceso a información sobre correctos hábitos de limpieza.































