El poeta nicaragüense Rubén Darío llegó a Mallorca en 1906 y se instaló en una vivienda de El Terreno, en la bahía de Palma. Los paisajes de la isla fueron inspiración para algunos de sus versos: “Quietud, quietud... ya la ciudad de oro ha entrado en el misterio de la tarde”. Pero no fue el único artista cuya sensibilidad resultó movilizada por la isla española situada en la parte central del archipiélago balear. También fue la “meca” de muchos pintores del mundo, que acudieron aIlí para (como señala un viejo periódico) “impregnarse de luz y de belleza”.




































