La pintura de Juan León Palliere se entrelaza con la historia misma de la pintura del siglo XIX. Parte de un linaje artístico tanto del lado paterno como materno, Pallière respiraba arte desde la cuna. Su devenir en la plástica se desarrolló entre continentes. Creció en su ciudad natal, Río de Janeiro, hasta los siete años, momento en que su padre lo condujo a Francia. Allí, en 1836, inició sus estudios artísticos en el taller de François Edouard Picot, quien se especializaba en temas mitológicos, religiosos e históricos.

































