“Mis manos, ciertas veces, dan la rara impresión de cosa muerta. Palidez más extraña no vi nunca; marfil antiguo, polvorienta cera, y en el dorso delgado y transparente el turquesa apagado de las venas. Carne que bien podría, si la rozara una caricia ardiente, deshacerse en ceniza, como esas flores frágiles y tenues que en el fondo oloroso de los cofresen fino polvo ámbar se convierten. ¿En qué siglo remoto florecieron estas dos pobres rosas extinguidas? ¡Un milagro, sin duda, las conserva aquí, sobre mi falda todavía!”. Sin embargo esas mismas manos -que son las de la artista santafesina Emilia Bertolé- construyeron una obra que todavía resulta fascinante a 75 años de su fallecimiento, producido en el año 1949. De hecho, la expresividad de las manos es uno de los detalles sobresalientes de su obra pictórica.




































