En 1975, un año antes del golpe, el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez fue escenario de un montaje teatral de características inéditas. El título era "Comunión" y lo dirigió Juan Carlos Uviedo (1939-2011).
La investigación sobre la propuesta titulada “Comunión” partió de una dificultad, ya que casi no había documentos para contar qué había sucedido. En lugar de descartar el rumor, las autoras lo tomaron como objeto de estudio para reconstruir cómo se transmitió aquella experiencia teatral de 1975. Los detalles.

En 1975, un año antes del golpe, el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez fue escenario de un montaje teatral de características inéditas. El título era "Comunión" y lo dirigió Juan Carlos Uviedo (1939-2011).
Uviedo le había contado a los integrantes del Taller de Investigaciones Teatrales de Buenos Aires que la propuesta era un apoyo al movimiento homosexual, que pedía ingreso irrestricto a la universidad, pero no fue posible hallar información para confirmarlo ni refutarlo. Quedó el rumor.
Sobre ese vacío trabajaron Malena La Rocca, historiadora y directora del Museo de Ciencia y Técnica de la Facultad de Ingeniería (UBA), y Lucía Cañada, becaria del CONICET especializada en los cruces entre prácticas artísticas y pedagógicas en América Latina.
El resultado es "Rumor del escándalo en (el) Rosa", una investigación que cruzó unos pocos fragmentos de archivo (fotos, gacetillas y prensa de época) con testimonios orales para reconstruir una acción artística que, según contaron, puso "en escena" lo que pasaba a nivel político y cultural en los meses previos a la última dictadura.
El proyecto ganó el V Certamen Padeletti, en 2022, y ahora se convirtió en un libro, una de las primeras publicaciones de la colección Informes Padeletti, creada para ampliar la circulación de los trabajos surgidos del certamen. El volumen fue presentado en la última Feria del Libro de Santa Fe y fue la excusa para que El Litoral entrevistara a sus autoras.
Al iniciar el trabajo, La Rocca venía de un trabajo previo sobre Uviedo iniciado en 2015, a partir de una invitación de su directora de doctorado, Ana Longoni. Con Cañada compartía, además de una larga amistad, un espacio de trabajo en el Instituto Gino Germani, donde surgió la idea de pensar el rumor en una categoría de indagación.
De hecho, para las autoras el rumor la incógnita que organizó la pesquisa, una manera de investigar tan válida como un documento. Cañada aportó a esa idea su propio recorrido sobre cómo circula lo dicho en voz baja, esas formas susurradas que a la vez reponen ciertos lazos de confianza e intimidad entre quienes las transmiten.
El punto de partida fue, de hecho, un silencio. Intentos de contacto con referentes del teatro argentino chocaron una y otra vez contra la falta de respuesta. La incertidumbre sobre si iban a conseguir información concreta sobre "Comunión" fue, de alguna manera, el primer hallazgo del proyecto.
Uviedo dejó, según las autoras, un pequeño escándalo en cada ciudad por la que pasaba. La investigación se propuso entender cómo se había construido el relato colectivo, recomponer el proceso por el cual esa versión había tomado forma, incluyendo el modo en que el propio director parecía alimentar deliberadamente su leyenda.
Lo que sí pudieron confirmar es que Uviedo estuvo en Santa Fe en esa fecha, que dirigió una escuela y que "Comunión" se llevó adelante. Pero el objetivo, insistieron, era analizar cómo se había armado ese relato y de qué manera había llegado hasta ellas, 50 años después, casi como "leyenda" oral.
La obra se montó en el marco del Taller de Investigaciones Teatrales que Uviedo dirigía en la ciudad, un espacio de formación sistemática y seria. Desde ahí también se diagramó "El amor de la estanciera", una de las primeras piezas gauchescas del teatro rioplatense.
Para entender cómo una experiencia tan extrema pudo suceder en un museo público hay que comprobar la "arquitectura" institucional. La oficina del secretario de Cultura estaba dentro del propio Museo Rosa Galisteo.
Trabajadores actuales de la institución, contaron las autoras, les señalaron que el despacho del secretario (de apellido Casco) ocupaba entonces el lugar donde hoy está el archivo del museo, lo que da una idea de hasta qué punto los circuitos artístico y administrativo compartían los mismos pasillos.
El año 1975 fue, además, de ruptura entre el ala más peronista del gobierno provincial y otros sectores de la alianza gobernante, en un clima de creciente violencia que en Santa Fe adquirió características singulares, en el marco de lo que ocurría a nivel nacional.
Las autoras describieron ese momento como una caldera política y cultural, aunque aclararon que sería inexacto pensar a Uviedo como un simple brazo cultural del secretario de Cultura. Más bien era alguien que encontraba "fisuras" en esa trama para poder desarrollar su propio proyecto artístico.
Uno de los hallazgos de la investigación fue descubrir, a través de los testimonios de Pepe Volpogni y Roberto Schneider y de Iris, integrante del taller, que "Comunión" no fue algo aislado sino una propuesta que se mantuvo durante una temporada, todos los viernes, ante un público masivo, hasta que la salida de Uviedo y la renuncia de Casco la interrumpieron.
Esa repetición, según las autoras, explica en parte por qué el rumor se fue construyendo con versiones tan distintas. La obra era disruptiva, pero no irrumpió de golpe, sino que convivió con una programación que ya estaba orientada a la experimentación.
La estructura de "Comunión", donde cada espectador recorría la puesta junto a algunos actores, sin ver la totalidad, hace imposible una reconstrucción cerrada. Por eso la apuesta del libro fue tomar el vacío como punto de partida, renunciando de antemano a la ambición de un relato completo o cerrado.
"Comunión" generó, según las autoras, algo cercano a un movimiento dentro de la escena santafesina, pero ese impulso quedó pronto acallado por el terrorismo de Estado que llegó pocos meses después.
Las autoras describieron ese desenlace como si el episodio hubiera quedado encerrado en un paréntesis histórico. Tras el golpe, la programación del Rosa derivó a un perfil más clásico, el taller cerró y la experimentación desapareció.
Consultadas sobre el sentido de reabrir este episodio medio siglo más tarde, ambas investigadoras coincidieron en que el interés excede la anécdota. Para Cañada, la pregunta por el diálogo entre las artes escénicas y el museo anticipa debates de la nueva museología sobre cómo dialoga el patrimonio vivo con el patrimonio material.
Para La Rocca, hay algo más. El hecho que una institución como el Rosa Galisteo abra una línea de investigación sobre su propio patrimonio es, en sí mismo, un hallazgo poco frecuente en el campo de las artes.
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