"Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco".
Desde este sábado, el museo porteño presentará al público una exposición donde "dialogan" obras de su colección con vestidos, corsés, joyas, fotografías y cartas de la artista mexicana. Se podrá visitar hasta marzo de 2027.

"Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco".
El Malba inaugura este sábado "Viva Frida", la muestra más importante realizada hasta el momento sobre la vida y la obra de Frida Kahlo en Sudamérica. La exposición podrá visitarse desde el 20 de septiembre hasta el 15 de marzo, en el marco de los 25 años de la institución.
Organizada por la Semana de la Alta Costura Argentina (SAC) junto al Museo Frida Kahlo de México y bajo la dirección de Elina Costantini, la muestra está curada por Circe Henestrosa, con asesoría de Gannit Ankori.
Reúne una selección de objetos personales de la artista mexicana (prendas, aparatos ortopédicos, joyería, fotografías y cartas) en diálogo con pinturas de la Colección Malba Costantini, entre ellas "Autorretrato con chango y loro" y "Diego y yo".
Henestrosa y Ankori vienen trabajando desde hace años sobre el mismo tema, el vínculo entre la ropa de Kahlo y su construcción como sujeto político y artístico.
Henestrosa fue una de las curadoras responsables del redescubrimiento del guardarropa de la artista en 2004, cuando en la Casa Azul de Coyoacán se abrió un cuarto de baño clausurado durante casi medio siglo.
Ahí aparecieron los trajes tehuanos, la joyería, los corsés ortopédicos y los cosméticos que hoy son núcleo material de la muestra. Ese hallazgo cambió la manera de estudiar a Kahlo, dejó de ser leída únicamente a través de sus lienzos para empezar a pensarse también a través de los objetos que sostenían, literalmente, su cuerpo.
"Viva Frida" trabaja sobre eso. Prendas, aparatos ortopédicos, fotografías, cartas y material de archivo se exhiben en diálogo con pinturas de la colección, en un recorrido que busca mostrar cómo Kahlo hizo de la ropa un lenguaje.
Nacida en Coyoacán en 1907, hija de un fotógrafo de origen alemán y una madre mestiza, Kahlo atravesó la Revolución mexicana durante su infancia y contrajo poliomielitis a los 6 años.
En 1925 sufrió el accidente de tránsito que le fracturó la columna y la pelvis, y que determinó lo que vendría después, la convalecencia como lugar de partida para la pintura, el autorretrato como territorio propio y el cuerpo como tema.
"Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?", afirmó cuando fue operada por última vez y le dijeron que nunca volvería a caminar.
A los 22 años se casó con el muralista Diego Rivera. La relación, intensa y conflictiva, incluyó separaciones, un divorcio y una segunda unión, y llevó a la pareja a viajar entre México y Estados Unidos.
En 1938 Kahlo presentó su primera muestra individual en Nueva York; al año siguiente, la primera en Europa, en París. Murió en la Casa Azul en 1954, apenas después de cumplir 47 años.
Su obra fue asociada al surrealismo europeo, etiqueta que ella discutía, ya que insistía en que no pintaba sueños, sino su propia realidad. "Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad", decía.
Reivindicada desde los 70 por el feminismo, es una referencia ineludible del arte moderno y un ícono global, que a veces simplifica su complejidad.
El núcleo de "Viva Frida" está compuesto por tres piezas de fuerte valor simbólico. "Autorretrato con chango y loro" es una de las obras más reconocibles del acervo Malba-Costantini.
"Diego y yo", el último autorretrato que Kahlo realizó antes de morir, alcanzó en 2021 un récord de venta para el arte latinoamericano en subasta. Y la litografía "Sin título (El aborto)" es una lectura durísima sobre el cuerpo y la maternidad frustrada.
A ese conjunto se suma un archivo documental que perteneció a Raquel Tibol, crítica de arte y amiga de la pintora, con fotos, cartas y objetos personales que completan el relato.
Uno eje de la muestra es leer la elección del traje tehuano sino como una decisión con historia propia. La vestimenta, arraigada en la cultura matriarcal de Oaxaca, fue para Kahlo tanto afirmación política como recurso para negociar, y en ocasiones ocultar, las secuelas físicas de sus dolencias.
El vestido, en esa lectura, es una especie de armadura que cubre, sostiene, pero también habla. La exposición extiende ese razonamiento hacia el resto de la escenografía cultural que rodeó a la artista.
Como parte de la programación paralela, el lunes 21 de septiembre a las 21.30 se proyecta en el Auditorio del Malba "Frida, naturaleza viva", el film de 1983 dirigido por Paul Leduc, con Ofelia Medina, Juan José Gurrola y Claudio Brook.
"En su lecho de muerte, la pintora Frida Kahlo recuerda su vida. Por su mente y por la pantalla desfilan los personajes y situaciones más significativos de su existencia", dice la sinopsis.
"Lejos del retrato biográfico convencional, Paul Leduc compone una aproximación íntima y poética a Frida, a su cuerpo y a la convulsionada realidad mexicana que la rodeó", señalaron desde el Malba.
"La pintura ha llenado mi vida. La pintura ha sustituido todo", dijo Frida hacia el final de sus días, como buscando un sentido al camino recorrido. Queda su obra, parte de ella presente ahora en "Viva Frida", para comprobar cuánta razón tenía.
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