La primera semana de abril dejó un escenario crítico para el centro-norte santafesino, según el último informe SEA elaborado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe.
Las persistentes lluvias registradas entre el 1 y el 7 de abril de 2026 detuvieron por completo las actividades agrícolas en Santa Fe. Con acumulados de hasta 200 mm, la humedad frena la cosecha.

La primera semana de abril dejó un escenario crítico para el centro-norte santafesino, según el último informe SEA elaborado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe.
Las precipitaciones no solo fueron intensas, sino que mostraron una distribución que dividió la provincia en tres zonas de impacto. Los departamentos de San Justo, San Javier y San Martín se llevaron la peor parte con registros que superaron los 200 mm.
En una franja intermedia, con acumulados de entre 170 y 200 mm, se ubicaron General Obligado, San Cristóbal, Castellanos, Las Colonias y San Jerónimo.
Por último, con menos de 160 mm pero igual impacto en la logística, se encontraron 9 de Julio, Vera, La Capital y Garay. Esta situación generó un escenario de saturación de suelos y anegamientos en las zonas bajas, volviendo imposible el tránsito de maquinaria.
El ritmo de las actividades agrícolas, que venía acelerado para la recolección de la cosecha gruesa, sufrió un freno total. En el caso del maíz temprano, el proceso se encuentra estancado con un avance del 75%, a la espera de que el grano pierda humedad y el suelo recupere capacidad de soporte ("piso").
Por su parte, la soja temprana vive una situación similar, con la cosecha completamente suspendida en áreas clave de los departamentos San Martín y Castellanos.
No solo se detuvo la trilla, sino también las aplicaciones de fertilizantes y herbicidas, así como los monitoreos preventivos, dejando a los cultivos a merced de las condiciones ambientales de alta humedad y baja amplitud térmica.
En el norte provincial, el algodón presenta una realidad de contrastes. Aunque se logró un avance del 15% en la cosecha antes de que arreciaran las lluvias, los rendimientos en sectores de Vera y Nueve de Julio fueron catalogados como "relativamente buenos", promediando los 2.000 kg/ha.
Sin embargo, el panorama se ensombrece por factores sanitarios. El informe advierte sobre lotes severamente afectados por el picudo algodonero.
En muchos casos, los productores decidieron abandonar los cultivos ante la imposibilidad de afrontar los altos costos de control en relación con el precio de la fibra, lo que podría derivar en una pérdida significativa de superficie recolectable.
A pesar del parate general, no todo son malas noticias. Los cultivos de maíz tardío, que cubren unas 89.000 hectáreas (un 25,8% más que la campaña anterior), se han visto beneficiados por las lluvias recientes, mostrando un desarrollo vegetativo sin dificultades.
El sorgo granífero, por su parte, cerró su siembra con 120.000 hectáreas, aunque con una cosecha que por ahora permanece en suspenso y condicionada por el clima.
En el sector arrocero, la actividad en San Javier y Garay alcanzó a mostrar rindes de entre 6.000 y 6.900 kg/ha antes de la interrupción total.
Ahora, todo el arco productivo santafesino queda a la espera de una tregua climática que permita drenar los campos y retomar el ritmo de una campaña 2026 que el agua, por el momento, ha decidido poner en pausa.




