La secuencia fue perfecta y, por eso, difícil de olvidar. Primero, el partido: Chicago necesitaba una jugada limpia, un tiro sin temblor, un cierre a la altura de la ceremonia que venía después. Con menos de un segundo, Kevin Huerter clavó un triple desde la esquina y el United Center explotó: 114-111 ante Boston.
La victoria no fue un detalle de color. Fue el prólogo ideal para que el estadio cambiara de registro y pasara del grito al nudo en la garganta. En la misma noche, los Bulls retiraron el Nº1 de Derrick Rose, el MVP más joven de la historia de la NBA, y lo subieron a las vigas, al lado de las camisetas que cuentan la historia grande de la franquicia.
Derrick, el pibe de Chicago que floreció en los Bulls. Foto: ReutersEl tiro de Huerter y la noche que se acomodó sola
El triple ganador llegó con el guion que suelen pedir estas noches: tensión, empate y una última posesión que no admite segunda lectura. Jaylen Brown había igualado con una bandeja y el reloj dejó a Chicago con la obligación de elegir bien. La bola encontró a Huerter y el tiro viajó directo al ángulo.
Coby White sostuvo el pulso del ataque con 22 puntos y cinco triples, mientras Nikola Vucevic aportó 16. Del otro lado, Brown firmó 33. El partido, áspero y de ida y vuelta, dejó a los Bulls con su cuarta victoria seguida y al público con la garganta lista para el homenaje.
Con el resultado guardado, el estadio cambió la luz y la temperatura. De pronto, ya no importaba el boxscore: importaba el recorrido. El “pibe de Chicago” que fue MVP y símbolo de una ciudad tenía su noche, su lugar fijo, su bandera.
“Nunca fue sobre mí”: Rose, el discurso y la emoción
Rose habló con una calma y sabiduría que no se le conocía en sus años de jugador. “Este viaje nunca fue sobre mí”, dijo, y lo repitió como idea rectora. Contó que se sintió un “vehículo” de una energía colectiva, un vínculo con la ciudad que, con el tiempo, entendió mejor desde afuera que desde adentro.
No fue una frase de compromiso: fue el tono de toda su intervención. A los 37, miró la totalidad de su camino y puso el foco en la gente que “en clima de Chicago” igual fue al estadio, igual empujó, igual se quedó. La gratitud apareció como un hilo firme, sin golpes bajos.
También hubo, en su mensaje, un corte con la caricatura que lo acompañó durante años. Rose habló de la percepción de “ser callado” y de cómo, al retirarse, quiso mostrar que era más que un atleta. La noche fue eso: un jugador que volvió para contar quién fue y quién quiere ser ahora.
Thibs, los viejos compañeros y el video de Jordan
El homenaje tuvo rostros conocidos y un tono de reencuentro. Joakim Noah, Taj Gibson y Luol Deng estuvieron ahí, como también el coach de su carrera, Tom "Thibs" Thibodeau. Hablaron antes que Rose, lo empujaron a la emoción y le dieron al momento esa textura de familia deportiva.
Previo a esto, cuando D-Rose entró a la cancha, llegó el turno del video y el estadio volvió a levantarse. Michael Jordan, Scottie Pippen, John Paxson y otras leyedas felicitaron a Rose y lo ubicaron en una línea de pertenencia: representar a Chicago, a los Bulls, a la familia. Que la voz de MJ aparezca en una noche así no es un gesto menor: es un sello.
El retiro del Nº1 lo dejó en una mesa chica: con su camiseta ya colgada, Rose pasó a integrar el grupo de jugadores con número retirado por la franquicia, junto a Michael Jordan, Scottie Pippen, Jerry Sloan y Bob Love. En una organización que mide el pasado con regla estricta, eso es entrar en “aire raro”.
La vida después del aro, lejos del ruido
En el cierre, Rose habló de futuro con una convicción particular: no quiere quedar atrapado en el loop del básquet. Contó que busca “carriles” donde no haya competencia directa, y mencionó su florería, una liga de ajedrez y programas comunitarios desde su regreso a Chicago. El mensaje fue claro: su identidad no termina en el parquet.
La noche, entonces, tuvo dos finales al mismo tiempo. Uno, deportivo: un triple que quedó flotando en la repetición. Otro, simbólico: un número que ya no vuelve a usarse y una ciudad que se reconoce en un jugador que la llevó a la cima y la representó incluso en la caída.
D-Rose, el MVP más joven de la historiaChicago subió el Nº1 al techo, pero el sentido fue al revés: por un rato, el United Center bajó a la gente a su propia memoria. Y ahí, Derrick Rose volvió a ser lo que siempre fue para los Bulls: una historia que no se discute.