Si en algo coincidirán los hinchas de ambos clubes, es que el clásico es un partido especial, un partido aparte. No es una frase hecha, es una realidad. Y si bien el fútbol, en general, se aparta de la lógica –y por eso es tan lindo e impensado-, los clásicos tienen aún menos de esa supuesta historia previa o antecedentes que pueden ubicar a uno por encima del otro. Las sorpresas están a la orden del día y son partidos que se juegan con los pies, pero también con la cabeza y con el corazón como ningún otro. Incide lo futbolístico, pero también lo emocional. Y además, este clásico, el nuestro, el de Santa Fe, es el más parejo del fútbol argentino, lo cual lo acerca más todavía a esto que decimos respecto de paridades, sorpresas y falta de lógica.



































