"Lloré el día que entregué el arma. Lloré por un montón de cuestiones que nos tocaron vivir, ya estábamos saturados. Necesitábamos que esto terminara. Y sentimos alivio cuando volvimos a Puerto Argentino, pero también sentimos dolor al tener entregar el arma, que en definitiva era lo que había resguardado tu vida", recordó De Felippe.



































