El colega Diego Barcala lo cuenta en una extensa nota que se publica en revistalibero.com. Paranoia y dolor. Con estas dos palabras definió Andrés Calamaro en su canción “Crímenes perfectos” el ambiente que vivieron los argentinos durante la celebración del Mundial en su país. Las melenas y bigotes de los jugadores corriendo sobre un césped plagado de papelitos forman la memoria visual del Mundial. Los papelitos protagonizaron la batalla simbólica del absurdo. Los militares, obsesionados con lucir una imagen de rigor y orden del país, emprendieron una campaña mediática que incluía la petición a los aficionados de que no tiraran papelitos al campo. La bandera de la resistencia la izó un simpático pájaro sin brazos y pico redondeado llamado Clemente, salido de la imaginación del dibujante: Carlos Loiseau Caloi, que alentaba a los hinchas a resistir desde la contraportada de Clarín. “Los argentinos somos derechos y humanos”. Con ese eslogan burdo, grosero y hasta burlón con las protestas de las madres de los desaparecidos en la plaza de Mayo se presentaron los militares ante el mundo. La agencia de publicidad estadounidense Burson Martseller le ofreció a la dictadura un plan de prensa completo para contrarrestar las peticiones de boicot de organizaciones como Amnistía Internacional.































