Ha llegado la gran hora. El camino se hizo duro en el principio, creó incertidumbres, miedos, preocupación. Messi recogió el guante y “aguantó la parada”. Dijo: “No vamos a dejar tirados a los argentinos”. No sólo eso pasó, sino que redobló la apuesta y nos subió a un pedestal de honor, gratificante, emotivo. Argentina está conmocionada. Acá en Qatar y allá en cada rincón de nuestra geografía. ¿Pudieron dormir?, quizás no. Ha llegado el momento de jugar en 90 minutos la posibilidad de volver a ser campeones del mundo. Será el último partido de Messi en mundiales –al menos, así lo dijo- y el deseo generalizado es el de que sea levantando la copa que ya pudieron alzar Passarella y Maradona. Será al mediodía argentino (el atardecer de Doha), en un Lusail espléndido, expectante, multitudinario e invadido por la pasión de la hinchada argentina.
































