El fútbol argentino se regocijaba con el título mundial de fútbol en 1978. Habían pasado pocos meses de aquél 25 de junio. En San Juan, la cuna del hockey, se disputaba el Mundial. Un sanjuanino de pura cepa, Daniel Martinazzo, conducía a aquél equipo a otro logro mundial. El 12 de octubre de ese año, levantaban la copa luego de vencer de manera invicta en dicho compromiso ecuménico. El país festejaba por el fútbol y también por el hockey sobre patines. Y Martinazzo dejaba bien alto el prestigio del deporte sanjuanino, como unos años antes había ocurrido con Víctor Echegaray, aquél boxeador que en 1971 tuvo su noche de gloria en el Luna Park cuando derrotó a Juan Corradi y empezó a meterse en el bolsillo al exigente público del boxeo sabatino, después de haber crecido en la escuelita de boxeo que funcionaba en la precaria sede de Huazihul, en esta ciudad, escuchando por radio las peleas de José María Gatica y Luis Federico Thompson.



































