La desaparición de la profesora Marta Isabel Romero fue denunciada por Amsafe en su momento. El gremio exigió el inmediato esclarecimiento del caso, pero a esa masiva demanda sólo respondió el silencio. En marzo del ’88, los docentes santafesinos todavía tenían demasiado fresco el recuerdo de sus muchos colegas desaparecidos durante la dictadura. Demasiados, para aceptar mansamente un caso igual en democracia. Pero seguramente con el paso del tiempo debieron aceptar que -aunque la idea resulte insoportable-, aquella década de terror e impunidad absoluta marcó a fuego nuestra cultura.
Así que aquello que parecía anacrónico e imposible ocurrió y desde entonces, el nombre de Marta Romero vuelve, como vuelven los nombres de otros maestros desaparecidos, como vuelve el nombre del Negro Berastegui, de Lili Hernández, de Yoyi Goyzueta, de Norma Valentinuzzi y de tantos otros que jamás parecieron interesar a la Justicia.































