Santiago, por Jorge Pailhé, enviado especial de Télam). El ex dictador chileno Augusto Pinochet, quien gobernó el país con mano de hierro durante 17 años y murió sin afrontar condena judicial alguna ni pedir perdón por los crímenes cometidos, fue despedido este martes en una ceremonia religiosa y militar en la que sus implacables seguidores exaltaron su figura y fustigaron al gobierno de la Concertación. Luego del acto los restos del ex dictador fueron trasladados en helicóptero hasta una base aeronaval de nombre singular, Torquemada, y desde allí al cementerio Parque del Mar, en Concón, vecino a Viña del Mar, donde fueron cremados en una ceremonia íntima. El traslado se conoció recién luego del acto, ya que en las horas previas se especulaba con distintos lugares, para evitar demostraciones populares hostiles al ex militar. Al hablar en el acto, el jefe del ejército, general Oscar Izurieta, justificó delante de la ministra de Defensa el golpe de Estado de 1973 que llevó a Pinochet al poder, en "la gravísima situación institucional que vivía el país", aunque aclaró que no era su misión juzgar lo hecho por el ex dictador durante su gobierno. De todos modos, el discurso que en principio despertó reacciones en el Gobierno fue el de un nieto de Pinochet, Augusto Pinochet Molina, quien a pesar de ser cadete militar hizo comentarios públicos de contenido político. Pinochet fue despedido de acuerdo con los honores correspondientes a su condición de ex comandante en jefe del Ejército por decisión del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, razón por la cual su velatorio -al que asistieron miles de chilenos- y la despedida se realizaron en la Escuela Militar. Al mismo tiempo que en la Escuela Militar se realizaba la ceremonia, en la Plaza de la Constitución, vecina al gubernamental Palacio de La Moneda, varios cientos de antipinochetistas rindieron homenaje al ex presidente Salvador Allende frente al monumento que recuerda la figura de este dirigente socialista derrocado y asesinado por el golpe del 11 de setiembre de 1973. Como complemento de esa concentración, el Partido Comunista (PC) chileno ocupó otro sector de la plaza para fustigar con dureza la figura del ex dictador, pero también para criticar a la Concertación (en el gobierno) por no haber impulsado con más fuerza el juzgamiento judicial del ex dictador. La ceremonia en la Escuela Militar se celebró en el patio Alpatacal, bajo un sol abrasador que hizo que la asistencia acudiera a sombreros, gorras, capelinas y hasta darios sobre la cabeza para evitar los efectos negativos del fuerte calor. Una ovación saludó el ingreso del féretro cubierto con la bandera chilena, y luego la misma concurrencia abucheó e insultó a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, inclusive en medio de una de las tantas oraciones que se rezaron. La funcionaria tuvo una participación absolutamente protocolar en la ceremonia, ya que estuvo rodeada de los comandantes de las fuerzas armadas. Pero antes del inicio del acto se reunió a solas con la viuda, Lucía Iriart, a quien le dio las condolencias. "Chi-le-le; viva Chile y Pinochet" fue uno de los cánticos más utilizados por los presentes, en general ciudadanos mayores de 40 años y de una clase media-alta. La ceremonia fue oficiada por el obispo castrense, monseñor Juan Barros Madrid, y en su transcurso hubo varios oradores. El acto militar coincidió en los clásicos disparos de cañón y el toque de clarín. Para ello, el féretro fue transportado a otro sector del predio a bordo de una cureña tirada por dos caballos. Tras ella, iba otro caballo sin jinete, que simboliza la ausencia del militar fallecido. Previo a la ceremonia, alrededor de las nueve de la mañana se podía observar todavía mucha gente haciendo cola para saludar al ex militar. "Vengo a saludarlo porque lo amo, porque hizo muchas cosas buenas para Chile; y si hizo algo malo, pues, se hicieron cosas malas de los dos lados", comentaron a Télam dos mujeres de más de 60 años en la fila. El testimonio coincidió en general con lo manifestado por otros chilenos a los que este enviado especial consultó: "Pinochet fue un gran presidente, reconstruyó nuestra economía y salvó al país del desastre", abundó otro pinochetista, en este caso un albañil jubilado de 73. Los pinochetistas hacían la fila ordenados y esperanzados el poder ver el cadáver del ex dictador en un clima de tranquilidad, postura que contrastaba con los nervios evidenciados por allegados a la Fundación Pinochet que discutían con los carabineros pretendiendo que les permitieran un "ingreso VIP" que jamás se concretó. La prensa nacional y extranjera, en tanto, logró ingresar a pesar de algunos desajustes organizativos que provocaron empujones, pero luego de pasar un estricto control de bolsos pudo trabajar con total comodidad dentro del establecimiento castrense. Fuente: Télam.

































