Mariana Rivera El 1° de febrero pasado falleció en el hospital Cullen un joven de 29 años, quien había sido sometido a una cirugía durante la cual le realizaron el denominado by-pass gástrico o cirugía bariátrica. J.C. (sus familiares quieren mantener en reserva su identidad) pesaba 214 kilos y padecía obesidad mórbida. Tras enterarse de que se había organizado un equipo de profesionales especializado y que en el mes de noviembre de 2005 se había realizado con éxito la primera cirugía bariátrica decidió interiorizarse del tema para ver qué posibilidades tenía él de operarse. Pero como se trata de una ``enfermedad metabólica con repercusión sistémica suelen ocurrir fallas o cuestiones imponderables durante el posoperatorio, que traen complicaciones'', explicó el director del Cullen, Dr. Luis María Labath. Aseguró que los pacientes son informados previamente sobre las complicaciones y riesgos que puede haber durante la cirugía, que escapan a los estudios previos que se le practican al paciente, ya que surgen sólo en el acto quirúrgico por el estrés que le ocasiona. Cabe recordar que la primera paciente en realizarse esta intervención quirúrgica había sido Sabina Moya, una docente de 42 años, que pesaba 130 kilos. Ocurrió el 11 de noviembre de 2005. Estuvo a cargo de un equipo de profesionales dirigidos por el Dr. Gabriel Martínez Dorr, que también incluye cirujanos, psicólogos, nutricionistas, clínicos, cardiólogos, endocrinólogos y anestesistas, con el total apoyo del director del hospital. En diálogo con El Litoral, tras haber realizado la primera cirugía, los médicos advertían que ``el paciente debe ser evaluado y estudiado por el equipo, para determinar si realmente es factible de ser sometido a esa cirugía. Posteriormente, se le ofrece la cirugía y se le explican todas las complicaciones que tiene''. También aseguraban que ``cualquier cirugía es riesgosa y más en un paciente obeso, que tiene malas defensas además de otras patologías asociadas con su obesidad, como insuficiencia cardíaca, respiratoria, problemas venosos y de artrosis, entre otros''. Los familiares hablan A continuación, transcribimos una carta enviada por los familiares de J.C. explicando la sucesión de hechos previos y posteriores a la operación y los cuestionamientos que realizan a los profesionales del Cullen. ``Todo empezó el 1° de diciembre de 2005, dos días después de que se publicara en el suplemento Salud el caso de Sabina Moya: `Primer by-pass gástrico con éxito'. Fue el día en que J.C. fue al hospital a interiorizarse del tema y se encendió una luz de esperanza en su vida, que hasta ese momento consideraba trunca. Estaba feliz. Nosotros, desde ese primer día estuvimos al tanto de todo. También nos comentó que en el equipo de médicos había una psicóloga y una nutricionista y que comenzarían a realizarle todos los estudios necesarios para llevar a cabo la cirugía, si todo estaba en condiciones''. ``Los temores siempre los tuvimos, bastante hasta el 15 de diciembre, cuando fuimos a hablar con Martínez Dorr y Moroni (h), quienes nos dieron explicaciones a grandes rasgos sobre cómo era la cirugía y que los riesgos existían, como en cualquier otra operación. Ése fue el único y último día en que los vimos''. ``J.C. seguía haciéndose todos los estudios que lo daban apto, ideal y elegido entre 70, para la cirugía. Era hombre, tenía 29 años, no fumaba, no tomaba, su corazón estaba bien, sin diabetes, sin problemas de várices y circulación de arterias. Todo esto nos alentaba, estaba con muchos controles de los pre-quirúrgicos y todo estaba saliendo bien''. Riesgos y autorización La carta de los familiares del paciente obeso fallecido continuaba de la siguiente manera: ``La cirugía se postergó un par de veces hasta que llegó el 27 de enero, cuando se internó para controles, y el 30 de enero fue `el gran día', ¿qué más se podía pedir? Una persona obesa, discriminada por la sociedad, sin trabajo decente, sin pareja estable ni futuro, ya que esta enfermedad reduce en 10 ó 15 años las expectativas de vida. Nunca tuvimos un informe de su estado por parte de la psicóloga ni los médicos nos comentaron si en todo el tiempo de estudio había surgido alguna complicación''. ``Ingresó al quirófano a las 5.30 con todo el equipo y profesores de Rosario, que serían veedores de la cirugía y fotógrafos. Todo esto fue con su consentimiento, ¿y si no qué? Toda persona que recurre a esta cirugía que es irreversible se encuentra en estado desesperante, entonces la objetividad debe estar dada por parte de los profesionales y su familia, que es quien siempre estará a su lado y querrá lo mejor''. ``Cuando finalizó la cirugía, a las 13.15, salió el Dr. Martínez Dorr y los Dres. Moroni (h) y Walter, diciendo que todo se había complicado, que se encontraron con un hígado muy grande y que cuando corrieron este órgano para llegar al estómago se reventó el bazo. Pero aseguraron que la operación del by-pass se pudo realizar''. ``Qué nos importaba a nosotros en ese momento, si todo estaba tan complicado que J.C. tuvo que ser pasado a terapia con respirador y había recibido 23 unidades de sangre, además de plasma. Ellos no nos contuvieron. Horas después sólo hablamos con los médicos de la UTI. Les dijeron que `él sabía que era de riesgo, firmó la autorización'''. Y se cuestionan: ``¿Puede un médico operar de todas formas a un paciente si estaba tan comprometida su vida, cuando ellos eran los objetivos, ya que el enfermo estaba `sumamente' esperanzado sin poder decidir, dada la desesperación? Los médicos nunca nos comunicaron que la operación sería de altísimo riesgo. Nos sentimos además de `vacíos' con impotencia, sin contención ni explicación ante esta situación. Esto que comenzó con una luz de esperanza para prolongar la vida no hizo más que anticiparse al tiempo final''. No era feliz con su cuerpo Días antes de la cirugía, J.C. había dialogado con El Litoral.com y relataba las expectativas que tenía. A pesar de que tenía 29 años, hacía siete que no salía a fiestas nocturnas y llevaba un tiempo similar de no tomar colectivos. Su reacción inmediata al ver un grupo de jóvenes reunidos en una vereda era cruzar la calle para que no le digan nada. Para él la gordura es el peor problema que alguien puede tener. Explicaba por qué había decidido operarse de la siguiente manera: ``Como no era feliz con el cuerpo que tenía nunca iba a poder ser feliz con otra cosa. Quiero bajar de peso para poder insertarme en la sociedad, formar parte de ella, para no sentirme siempre excluido en todos los ámbitos. Esto va más allá de la estética. Cuando pesaba mucho menos era otra persona, más activo, tenía ganas de salir. Era una fuerza interior que no podía controlar, no me daba cuenta de lo mal que me hacía, decía un kilo más no es nada pero era todo lo contrario''. Cuando se enteró por El Litoral sobre la primera cirugía bariátrica que le habían realizado a una persona en la ciudad, J.C. se dijo: ``Ahora pensá en vos porque uno siempre posterga por el qué dirán, pero me dije basta, si uno no se preocupa por uno quién lo va a hacer. Ese instante fue así, fue leer el diario y decir basta. Lo único que quiero es cambiar de vida porque estoy cansado de vivir así. No quiero salir, me aislo de la gente joven porque me siento mal''. Aseguraba a El Litoral.com que cuando concurrió al hospital Cullen había otras personas en su misma condición y que fue seleccionado para quedarse y hablar con tres médicos. ``Me preguntaron si estaba dispuesto porque es un cambio grande, en donde corro con el riesgo como en cualquier operación. Es una intervención de más de cinco horas, hay riesgo cardíaco y todo lo demás. Y les dije que estaba dispuesto'', concluía J.C.. Qué es el by-pass gástrico En el hospital Cullen se realiza el tipo de cirugía bariátrica denominado by-pass gástrico. La técnica consiste en resecar la primera parte del estómago y formar una nueva bolsa, es decir, un estómago más chico, de 80 centímetros cúbicos de capacidad. Luego se corta un pedazo de intestino delgado, que se inserta directamente en esa cavidad más pequeña. De esta manera, la comida va a pasar directamente a ese estómago reducido y directo al intestino. Cuando el paciente come, el estómago se distiende pero como es chico tiene saciedad precoz. Pero como la comida pasa directamente al intestino no se asimilan las proteínas, las vitaminas y las grasas. Esta mala absorción de los alimentos debe ser compensada con una dieta adecuada y complejos polivitamínicos (que incluye B12, calcio e hierro, entre otras) que deberá tomar el paciente de por vida.






























