Frente a la moderna fachada del edificio de la Universidad Católica de Santa Fe, se congregaron ayer autoridades municipales, provinciales, eclesiásticas y académicas; concejales, diputados, senadores y decenas de representantes de instituciones de la sociedad civil para participar del acto de inauguración de las nuevas instalaciones.
El arzobispo José María Arancedo; el rector de la casa de estudios, presbítero Gerardo Galetto; el intendente Mario Barletta y la presidenta del directorio de la Universidad Católica, Ruth del Carmen Casabianca, realizaron el corte de cinta y dejaron el paso allanado para que los asistentes recorrieran el lugar.
El nuevo edificio tiene una fachada vidriada, protegida con un emparrillado metálico -superpuesto a partir del primer piso- que actúa como soporte de los jardines colgantes que hoy crecen tímidamente, una plata baja que permite un acceso directo al patio del establecimiento y tres pisos en los que se distribuyen 11 aulas de entre 50 y 150 metros cuadrados.
La obra demandó una inversión de 4,5 millones de pesos, que fueron solventados con fondos propios y con reservas de la Universidad. “Se necesita una infraestructura acorde al servicio académico que queremos brindar. Sabemos que una universidad no es sólo ladrillos, pero el ámbito físico es necesario para las tareas académicas, para la investigación y para el encuentro de los docentes y alumnos”, sostuvo Galetto, tras destacar el esfuerzo que realizó toda la comunidad académica para que el nuevo edificio sea hoy una realidad.
Aulas e ingreso jerarquizado
El incremento de la matrícula, que desde 2002 a esta parte creció un 50%, el mayor número de cursos de posgrado y la necesidad de otorgar a la Universidad un acceso destacado fueron las razones que impulsaron a la casa de estudio a ampliar sus instalaciones.
“Con esta obra hemos querido resignificar el ingreso de nuestra Universidad dándole la jerarquía que se merece y otorgándole al edificio la fachada que le faltaba. Esta obra viene a sumar una importante cantidad de aulas y más de dos mil metros cuadrados, lo cual habla del deseo de llevar la infraestructura edilicia a la altura de los procesos pedagógicos que se desarrollan en nuestra casa de estudio”, sostuvo Galetto, quien destacó que entre 2002 y 2007 la universidad ha mantenido un promedio de crecimiento superior a la media del país.
“Sabemos que esta inauguración es el fruto del deseo de crecer y detrás de eso vemos valores que queremos transmitir. El deseo de crecer y progresar para servir mejor son parte de los ideales que alentaron a nuestros fundadores y que nosotros queremos transmitir a los futuros profesionales que se forman en nuestras aulas”, afirmó.
El rector destacó la fortalezas pero también los desafíos que enfrenta la Universidad. “Sabemos que necesitamos continuar invirtiendo en otros aspectos que no son sólo las infraestructura sino también los recursos humanos que hacen a la investigación, a la docencia y a los proyectos de extensión. En este sentido vemos que hay un camino que se está recorriendo pero somos concientes que de lo que falta por delante”, concluyó Galetto.
Por su parte, Ruth Casabianca expresó su “voto de esperanza” para que “esto que inicialmente se llamó la construcción de la fachada de la Universidad no quede en las luces de la apariencia sino que construya transformación en la esencia de la universidad católica para que podamos cumplir con nuestra misión básica que es perfeccionar la cultura”.
Luego de bendecir las instalaciones, monseñor José María Arancedo felicitó a las autoridades de la casa de estudio. “Los felicito y aliento porque para el mundo de hoy todo lo que tenga que ver con la educación es una apuesta fuerte que hay que hacer. El mundo necesita sentido, horizontes. Una universidad tiene que ser un ámbito de entusiasmo por las cosas grandes, por la verdad, por la belleza, por la vida”, sostuvo.
Además de las múltiples salutaciones que fueron leídas durante el acto, la Universidad recibió a través del nuncio apostólico en Argentina, Adriano Bernardini, la bendición apostólica de Benedicto XVI.
El acto duró una hora y culminó con la actuación de un grupo de jazz. Luego la casa de estudios ofreció una recepción para las autoridades, representantes de entidades de la sociedad civil e invitados especiales.

































