Entonces, el desafío que tenemos es que, al final de su recorrido, la formación de grado de nuestros estudiantes no resulte en un conocimiento desactualizado. Eso nos obliga a plantearnos el perfil de un profesional que incorpore competencias que luego les signifique insertarse con éxito en el mercado laboral. Porque hoy, las competencias blandas, como la capacidad de adaptación y de resolución de problemas, son casi tan importantes como el conocimiento técnico. Obviamente, el aprendizaje teórico sigue siendo fundamental, pero también se vuelven cada vez más necesarias estas otras cuestiones. Para poner un ejemplo, la resolución de problemas sobre imprevistos como lo fue la pandemia, donde de un día para el otro todos tuvimos que dejar el espacio tradicional para trabajar desde los hogares, es una competencia que debemos empezar a incorporar en los profesionales que queremos formar, ya que vivimos en un mundo en permanente transformación, especialmente en el mundo del trabajo.