La aspiración de progreso por la vía educativa fue, durante largas décadas, uno de los rasgos distintivos de la sociedad argentina. La expresión "Mi hijo, el doctor", generalizada a partir de la obra teatral de Florencio Sánchez, reflejó la aspiración de ascenso social de parte de sectores humildes e inmigrantes que llegaban a estas tierras. Hoy las escuelas se encuentran siendo objeto de grandes debates y cuestionamientos; sin embargo, las clases populares aún confían en las oportunidades que brinda la educación.


































