“Un libro no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y, a veces, cambiarlas”. La frase pertenece a Paul Auster, uno de los narradores más valiosos que parió la literatura estadounidense desde, sin temor a exagerar, los tiempos de Herman Melville, quien trastocó todos lo hecho hasta el siglo XIX a través de “Moby Dick”. Las novelas de Auster no sólo alimentaron y (eventualmente) cambiaron mentes. Sino que, al mismo tiempo, estimularon a lectores de toda latitud posible a embarcarse en viajes con destino incierto, pero del todo disfrutables. El camino que propone el escritor en cada uno de sus libros es tan inspirador que, como decía Kavafis en “Camino a Itaca”, el que lo empieza a desandar a conciencia solo desea que sea más largo, “lleno de aventuras, lleno de experiencias”.


































