Los puertos son así, aluvionales. Rosario lo era. Mar del Plata lo es. De todas partes vienen, venían, la razón es única: buscando el horizonte, la esperanza, el mañana menos difícil que el anunciado en el sitio de donde partieron. Nunca se termina de conformar el perfil regional, el aluvión sigue. Así fueron estas dos ciudades. A Mar del Plata se le suma, después de la década del 50, el turismo gremial. Una ciudad El Puerto, otra los inmigrantes, otra “las familias bien” de Buenos Aires (que lentamente se fueron) y otra esa masa que puede reconocerse contestando este facto: si en Mar del Plata aparecen 4 millones de personas simplemente son argentinos que pueden llegar a ver el mar, pisar la arena y estar, simplemente estar. No es esta una columna de sociología, pero es difícil comparar las plazas hoteleras de MDQ y las de Rosario o Santa Fe. Esto si es Turismo. Los aluviones, por el contrario, son comparables.
Otra circunstancia que iguala, aunque ahora hay ventaja -creo- para Mar del Plata, es la cantidad y calidad de músicos regionales. Caramba, al Cosquín fueron más de 19 solistas y grupos, salidos de un Pre Cosquín en Mar del Plata. Sin músicos imposible de creer, sin “aluvión” inentendible. Debemos creerlo: sucedió. Debemos entenderlo: hay cantera y audiencia para que los escuchen.


































