Cuini Amelio Ortiz (Desde Berlín)

Cuini Amelio Ortiz (Desde Berlín)
La 73° Berlinale culminó con una glamorosa entrega de premios. Glamur que contrastó con la humildad del director de "Sur l'Adamant", quien llegó al escenario titubeante y preguntó en un inglés con fuerte acento francés: "¿Are you crazy"? (¿Se han vuelto locos?) Nicolas Philibert nunca imaginó que ganaría la Berlinale. Estaba avisado que recibiría un premio, pero no que ganaría el festival. Y es justamente esa humildad y esa manera transparente de afrontar la vida, la que trasuda en su documental sobre un barco anclado en el corazón de Paris donde funciona un centro de atención de personas con problemas psíquicos. Una narración profundamente humana y desarmadamente honesta.
El premio especial del Jurado fue para Christian Petzold por su "Roter Himmel" (Cielo rojo), quién se mostró agradecido y de tan conmovido que estaba mezclaba inglés y alemán sin percatarse siquiera.
La mejor dirección la llevó el veterano realizador francés Philipe Garrel por su "Le Grand Chariot", la historia de una familia de titiriteros, contada con lacónica poesía. El Oso de Plata al mejor rol protagonista lo llevó Sofía Otero, la niña del film español "20.000 especies de abejas", de la directora Estibaliz Urresola Solaguren. Fue muy hermoso ver la pequeña, que con lágrimas corriendo por las mejillas, daba gracias desde el escenario a todos y a todas quienes habían colaborado en el film y sobre todo a su papá "el Señor Otero, el mejor papá del mundo entero".
El Oso de Plata al mejor rol secundario fue para la actriz y trans-activista austríaca Thea Ehre, por su rol en el film policial "Bis ans Ende der Nacht" (Hasta el final de la noche) del director alemán Christoph Hochhäusler. Y el Oso de Plata al mejor guion lo recibió la alemana Angela Schanelec, por el film "Music", del cual también firma la dirección.
Fue una Berlinale llena de reencuentros, luego de dos años difíciles de pandemia, nuevamente ver a los colegas de diferentes lugares del mundo, beber una copa y charlar de cine entre film y film, fue volver a la atmósfera mágica de esos diez días en que la ciudad demuestra que es cinéfila y la Berlinale se respira en todos los rincones.




