No solo era un envoltorio brillante. Ricardo Fort era más complejo de lo que parecía. Los dramas que lo acompañaban eran más profundos de lo que hacía suponer su conducta frente a una cámara. Tenía todo lo necesario para ser el protagonista de una serie de Ryan Murphy o una película de Pedro Almodóvar: estrafalario, recargado y original, pero también trágico.

































