Graciela Schvartz publicó el mes pasado, a través de Emecé, “Jurame que nunca”. El dispositivo poético-narrativo le demandó a la escritora más de tres décadas, que se fueron intercalando, como fotos en libros leídos, con las obras que salieron de imprenta en todo ese tiempo (“Boleto de ida”, “Fuera de lugar”, “Cielo cerca”, “Señales de vida”, “Alma inquieta”, “Amor es tantas cosas”). Planos en mano, la autora abrió las puertas de esta casa simbólica a El Litoral. Una casa con una gotera permanente: la expresividad. Una casa que pide a gritos -y a silencios-, con la fuerza del imperativo, comunicarse con alguien más. Ser oída.



































